Luces blancas amenazadoras, siempre precedidas de un sonido atronador, surcaban el cielo. Como si un gran gato enfadado hubiese rasgado las nubes con una afilada uña. Algo húmedo empezó a caer torrencialmente.
Al igual que los demás gatos del jardín, mamá gata y sus gatitos tuvieron que buscar refugio.
Todos ellos formaron una cálida bola de pelo en la que unos se daban calor y protección mutuamente.
"¿Que es esto, que cae, mami?", preguntó el gatito negro de pelaje aterciopelado.
"Lo llaman tormenta", contestó la gata de pelaje blanco manchado de tonos ocres y grises.
"No tengáis miedo. Sabéis que los humanos que nos cuidan, nunca nos dejarán desamparados".
"Pero mami, esas luces blancas tan ruidosas dan mucho miedo", contestó una gatita parecida a la madre gata.
"Acercaros a mi. Os contaré una historia para que está noche pase más rápido.
"Veréis, en un lugar muy remoto existía un bosque en el que los animales vivían en paz.
Era un bosque mágico plagado de árboles frondosos y de cristales violetas que se iluminaban con un maravilloso fulgor bajo la luz de la luna y las estrellas. Lo llamaban el BOSQUE AMATISTA.
Todo iba bien hasta que aquel lugar paradisíaco fue invadido por miles de ratones que lo destrozaban todo y llenaban todo de residuos. Nadie sabía que hacer para librarse de ellos. Parecía que cada vez había más.
Se intentó parlamentar con ellos pero no se avenian a razones y la convivencia era cada vez más difícil. Se comían las provisiones que los demás animales habían acumulado con gran esfuerzo durante todo el verano y hasta les estaban dejando sin sus calabazas para celebrar la tradicional fiesta del otoño.
Estaban a un paso de no poder celebrarla".
"¿Y que paso, mami?", preguntó una tímida gatita de tono oscuro con alguna mancha naranja.
Poco a poco se habían unido varios gatos más, varios gatos atigrados, una gata regordeta de color naranja y negra y dos gatas de tono gris y brillantes ojos azules.
"Pues, resultó que en medio del bosque había una misteriosa mansión dentro de un frondose arbol. Todos sospechaban que estaba habitada por una poderosa bruja que era la que, con su magia, mantenía el brillo de los cristales de amatista.
Nadie la había visto nunca y todos hablaban de ella en voz baja , por el miedo a lo desconocido, pero se decidió que la decisión era tan crítica que solo ella y su magia podían resolverla. Tras larga deliberación, se decidió enviar a un grupo de animales del bosque. Caminaron hasta el centro del bosque y, no exentos de miedo, llamaron a la pesada aldaba en forma de cabeza de gato".
"Toc, toc, toc!!!.... U-HUUU, U- HUUUU ...era el búho blanco con su ululante sonido.
Unos ligeros pasos y la puerta se abrió pesadamente".
Su sorpresa fue mayúscula cuándo detrás de la puerta apareció una gata tricolor que los miraba con asombro y preguntó que era lo que les llevaba hasta allí. Faltó el tiempo para que los ratones se colasen por la puerta e invadiesen también su embrujada mansión.
Había que tomar cartas en el asunto así que saco su varita mágica que tenía guardada desde hacía muchas lunas.
Con un ágil movimiento de su pata, la varita se llenó de fulgor mágico, siseó en la oscuridad...Ssssssss, Ssssssss, Ssssssss.. Después de varios pases, los ratones habían vuelto por donde habían venido.
La paz había vuelto y los habitantes del bosque, agradecidos, le llevaron a la bruja del bosque una gran calabaza con una cara de gato recortada y llena de brillantes luciérnagas.
Aquella iba a ser una gran celebración de SAMHAIN en la que todos estarían presentes. La mansión de la bruja oficial del bosque ya nunca volvería a ser oscura porque la llenaba la luz de la amistad"
El pequeño gatito naranja y blanco olfateó el exterior . "Vaya, mami, parece que ya no cae tanto de eso que moja, ¿podemos salir a jugar?"
"Será mejor acurrucarse para dormir y mañana será otro día"...

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