OBIWAN miraba de reojo a su amigo que hacía rato que caminaba en silencio. Parecía algo ausente. En sus ojos bicolores había una nota de nostalgia.
"Hoy hace un año , ¿verdad?", preguntó OBIWAN. "¿Puedo hacer algo por ayudarte?".
"No te preocupes, amigo. Estaré bien. Me reconforta que estés a mi lado. Recordaba la última tarde. No fue una tarde fácil. Pero ya sabes que las despedidas nunca lo son. Cuando me tomaron aquella huella de mi patita en aquella pasta viscosa gris, toqué por última vez a nuestra humana con mi otra patita cubierta de una tela naranja. Fue en aquel momento que hice una promesa que cumpliré por siempre.
Nuestros humanos creen que no supieron entenderme pero lo cierto es que supieron comprender mi verdadera naturaleza, tierna pero salvaje. Nuestra humana me llamaba "su pequeño unicornio".
Mi promesa fue que siempre estaría cerca. Les ayude a encontrar aquel pequeño unicornio de plata para que siempre me llevase cerca, día y noche.
También prometí que siempre volvería a encontrarme. Fuese donde fuese, siempre saldría uno de nosotros a su encuentro. Siempre sabría como hacerla sonreir en los días tristes o difíciles. Es mi forma de seguir cuidándolos".
"Lo bueno es que estamos juntos y podemos recordar nuestra vida con ellos siempre que nos entre la morriña", dijo OBIWAN. "Fue una vida verdaderamente bonita".
"Sé que ellos son felices porque intuyen que estamos bien, que no estamos lejos, que les recordamos y que volveremos a encontrarnos. Tal vez podamos volver en otro ser que necesite ayuda y cariño pero, en cualquier caso, sea antes o después, ellos nos reconocerán, ¿no?".











