Cuando las puertas no se cierran bien, pueden pasar cosas imprevisibles.
Es mucho peor cuando se trata de las puertas entre mundos diferentes, con seres muy diferentes.
Justo eso es lo que ocurrió entre el mundo de los dragones y el de los unicornios.
Para LÚRAMACH , el guardián de los entre-mundos, era casi una obsesión que TODO quedase cerrado y bien cerrado. Lo comprobaba una y mil veces pero, ¡oh fatalidad!, aquel día la llave que cerraba las puertas de todos los mundos se le escurrió entre las manos y cayó al abismo.
Siempre al acecho estaban los dos más traviesos entre los pequeños dragones RUADH, el rojizo y STIALLAN, la mil rayas. Les faltó el tiempo para colarse en AON-ADHARCACH , el mundo de los unicornios.
Como un huracán recorrieron montes, valles, se subieron a los árboles, volcaron y rompieron cosas y en poco tiempo sembraron el caos .
En cuanto se dió la voz de alarma, aquella misma noche, se reunió el consejo de unicornios con máxima urgencia y se decidió enviar a tres de los unicornios más valiosos para parlamentar e intentar aplacar a los traviesos dragones.
En teoría, era una tarea fácil para seres tan valientes pero los pequeños dragones eran muy ágiles e incontrolables. Se les escondían entre las patas, les mordían las crines...
FRIEDENSTIFTER se agachó para intentar razonar con ellos a su altura y esa fue la peor de las ideas.
RUADH le arranco la cola a mordiscos y STIALLAN trepó hasta sus doradas crines y se comió su precioso cuerno. Su pacifismo extremo le impidió reaccionar y defenderse. Lo suyo era razonar.
El unicornio de cola negra, se levantó sobre sus patas traseras, dispuesto a defender a su amigo como fuera. Valiente estaba tan enfadado que abrió su hocico anaranjado y su relincho se escuchó en todo su mundo.
LÚRAMACH , el guardián de los entre-mundos estaba muy ocupado buscando la llave como loco pero acudió presto, al ser informado de que se estaba generando una situación muy tensa. Con paciencia, logró devolver a los dos traviesos a su mundo, sobornandoles con sus golosinas favoritas. Los pequeños dragones eran muy golosos y comilones y no podían resistirse a ellas.
FRIEDENSTIFTER se sentia triste de que la paz y la razón hubieran sido olvidadas de nuevo.
Claro que volvería, porque la paz es incansable y siempre vuelve a intentarlo....




































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