Era una tarde como otras muchas en las que mis pasos me llevaban por aquellos caminos que habían recorrido tantas veces, a aquellas obligaciones que tan gustosamente había asumido desde hacía muchos años.
Aquella plaza con su iglesia de cúpula azul. Aquel árbol que había perdido sus hojas y aquellas pequeñas flores de color rojo rutilante.
En su escasez, dejaba ver el muro liso y blancuzco del Jardín Botánico.
No era una tarde especial. Solo nubes, muchas nubes fuera y dentro de mi cabeza. Tratando de desconectar de los temas, que empezaban a convertirse en quísticos en mi mente, traté de concentrarme en reconocer formas entre aquellas nubes. ¿Eran dragones o delfines?
Y entonces pasó. De pronto me vi transportada a aquella playa donde pasé tantos veranos en mi infancia. Aquella playa amplia, con un faro de piedra al fondo y aquellos altos edificios en la lejanía.
Nubes rosadas acompañaban nuestros pasos , nuestros pies descalzos sobre la arena fresca. El mar iba y venía con su sonido rítmico y pausado. Todo era relajante, como hecho con una intención.
¿"Recuerdas la tarde del tornado"?. "Claro. Fue muy impresionante pero, visto ahora, diría que fuimos bastante imprudentes".
"O aquel día en que nos tiramos por aquellas dunas de arena blanca. Fue muy divertido. Luego fuimos a aquella playa tan solitaria donde había un viejo barco encallado. Recuerdo que papá se empeñó en montar una tienda de campaña en la arena. El pobre se quemó terriblemente por el sol".
"Era un lugar precioso y tan querido para mí. Toda mi juventud pasó allí. Con aquel pequeño pueblo de pescadores y las casas de la gente de la ciudad que daban a la playa de Levante, con el faro al fondo".
"¿Recuerdas cuando fuimos a ver una pequeña cala bajo el faro?".
"Si, recuerdo aquella escalera de caracol, mohosa y resbaladiza. Pero valió la pena. Estaba llena de tesoros, de cantos rodados calizos multicolores y preciosas conchas y caracolas".
"Era bonito recoger conchas y guijarros de colores. El mar siempre nos traía algo nuevo o interesante.
"La gente solía bucear en las Islas Hormigas o en la isla Dragona para encontrar antiguas ánforas griegas".
Como teníamos por costumbre, recogimos unas cuantas conchas.
"Bueno , debes volver. Recuerda que siempre estaré cerca . Y no olvides este consejo...haz lo que creas que debes hacer pero no dejes que te hagan daño".
El sonido de las campanas me devolvió a la realidad.
No podría decir cuánto tiempo había pasado en aquel mundo, quizás segundos, pero todas mis preocupaciones habían desaparecido. Sentía una gran paz y claridad mental y también tenía y una norma a seguir...
De nuevo me encontraba junto a aquella pequeña plaza junto al Botánico pero había vivido una experiencia que nunca olvidaría.












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