Me dolía la cabeza y sentía el extraño calor de la fiebre pero en algún momento me quedé dormida.
Me vi a mí misma en aquel paisaje, conocido desde mi niñez. Cuántas veces habíamos robado sanguinas, había jugado a la pelota con niños de los vecinos o nos habíamos deslizado por aquella piedra lisa en pendiente del barranco. Sabíamos que era muy peligroso pero cuando eres niño, precisamente eso es un estímulo. Además, por alguna razón, parece que a esas edades desafías a la ley de la gravedad.
Pero esta vez había ago de irreal en aquel ambiente pues hacía años que había perdido mi relación con aquel lugar.
Esta vez me vi sentada bajo mi árbol favorito. En realidad, tenía muchos árboles favoritos, casi uno en cada lugar que visitaba en mis viajes. Esta vez era una especia de mimosa que daba una luz radiante y dorada a aquella mañana, ya casi mediodía.
Había recogido varias de aquellas doradas ramitas de mimosa para ponerlas entre las hojas de mi libro. Solía prensar hojas y flores desde que en el colegio nos dieron a elegir entre hacer una colección de insectos o de hojas. La elección estuvo clara. Nada más triste que pensar en aquellos pobres animales .... Todavía conservo aquella interminable colección de hojas en un álbum de tapas amarillas.
Seguí leyendo.....
Pasado un tiempo, una voz me saco de mi abstracción. Algo alejado vi un hombre alto, de mediana edad, bien trajeado.
"Eh, perdone, no puede seguir aquí. Esto es una propiedad privada".
Asenti con la cabeza y empecé a recoger mis cosas.
"Síguenos", escuché en mi mente...y eso hice hasta llegar a un lugar increíble, perfectamente acomodado y adaptado para el total bienestar de los peludos. No era lo que llamaríamos un refugio al uso.
Uno de ellos, un chico moreno con melenita me dijo..."Puedes volver siempre qué quieras en tus sueños, solo que aquí no funcionan los móviles. Todo deberá quedar en tu memoria. Tal vez puedas reconocer caras peludas conocidas"...
Claro, por supuesto, quería buscarles....No quería despertar de aquel mundo luminoso y maravilloso.
Alguien, quizás la fiebre o quien sabe, me hizo ese regalo y se lo agradezco infinito. Haber estado allí y volver para contarlo es todo un privilegio. Verlos felices en aquel mundo no tiene precio....
A veces, cuando crees que pierdes algo, te espera algo mucho mejor.
No había perdido mi lugar predilecto de lectura, había ganado una experiencia única.

















4 comentarios:
Muy bonito. Muy onírico.
Es lo que tienen los sueños...
Que bonito..te has superado...!!! un pensamiento tan esperanzador verdadero y positivo..me encanta...gracias..!!
Olvide mi nombre
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