
Una noche nos contó la historia de una niña humana, tan pobre, que sobrevivía a base de vender fósforos. Su abuela querida y única familñia, había muerto, dejándola en la más profunda soledad y miseria. Fue aquella Navidad en la que el frio fué especialmente intenso. La pobre niña, vestida con ligeros harapos, recorría las calles y cada vez se iba debilitando más. Llevaba dias sin comer nada caliente.Se sentó en una esquina y éncendió un fósforo para que sus ateridas manos obtuviesen algo de su calor, pero este se desvaneció con la vacilante luz. Encendió otro y luego otro. El frio iba en aumento y la pequeña cerillera, iba consumiendo un fósforo tras otro. De pronto, al encender el penúltimo fósforo, vió que algo brillaba con un fulgor dorado y centelleante. Sus ojos no podían dar crédito a lo que veían. Era un precioso árbol de Navidad, repleto de todos aquellos juguetes que ella nunca había tenido y de todas las golosinas que siempre había soñado probar, cuando se asomaba a los escaparates de las pastelerías. Alargó su mano y cuando iba a tocarlos, el fósforo empezó a parpadear. Rápidamente, intentó encender el último fósforo, pero sus manos estaban tan ateridas que apenas tuvo fuerza para encenderlo. Fué entonces, cuando oyó la voz de su abuela y una cálida mano la guió para que ya nunca más volviese a tener frio.
Otra noche, nos contó la historia de una joven sirena, hija del Rey Neptuno, que decidió dejarlo todo, perdiendo incluso su voz y su cola y su familia, por el amor de un principe humano.
Todas sus historias eran igualmente tristes.
De pronto, Airam seguida de los demás Seres Luz, volaron hacia el gran abeto elegido y con un toque de sus dedos regordetes, el árbol se llenó de pronto de guirnaldas de brillantes estrellas que lo rodearon de arriba a bajo.






































