migos habían cumplido una parte muy importante de su viaje. Habían devuelto la felicidad a sus humanos. Lo que parecía imposible, había ocurrido y un pequeño gatito habia llevado de nuevo la luz a aquella casa , que en otro tiempo fuera la suya. Tenían un sentimiento agridulce. Les hubier gustado ser ellos los que volvieran, pero así era como funcionaban las cosas.Pasado un tiempo, SOFÍA les dijo que ella debía volver a su templo, pero ellos debían continuar su viaje.
"¿A donde nos dirigiremos?", preguntó DANDY. "Vais a visitar la llamada CIUDAD SIN FIN, la ciudad de la que procede la civilización actual. Por sus calles, ahora en ruinas, pasearon los más importantes sabios de la antigüedad. Allí debereís encontrar a una gata muy especial, pero no os cuento más. Está lejos y deberíais recorrer unos montes muy escarpados, pero volareís sobre ellos, con ayuda de unas grandes aves. Os aseguro que será una experiencia única. La ciudad que vais a visitar es irrepetible".
Fue otra de aque
llas noches de despedidas y promesas de volver a verse, topadas y algo de nostalgia.Con el amanecer, llegaron aquellas grandes aves de enormes alas, que planeaban y lanzaban gritos estridentes. No sin algo de reparo, nuestros amigos se situaron entre su plumaje, pues el aire de Noviembre empezaba a refescar. Volaron durante horas, sobre montañas y valles, como en una especie de sueño. Era ya el atardecer cuando avistaron el brillo tornasolado del gran azul y rodeando a formas irregulares de tierra y muchas pequeñas islas.
Empezaban a descender y esto producía una cierta sensación de vértigo. las tardes eran cortas y empezaba a anochecer. A lo lejos todavía, vieron la ciudada, inmensa y tachonada de millones de pequeñas luces y e
n su cumbre y coronando todo, una bella construcción blanca, sostenida por columnas. Un antiguo templo dominaba la ciudad de ATTIKA, la ciudad intemporal, la ciudad sin fin.Estaban agotados tras tan largo viaje y se acurrucaron a dormir entre antiguas piedras que tanto habían visto. Durmieron de un tirón y ni siquiera soñaron.
La mañana les halló acurrucados unos a otros para evitar el relente matutino.
"Eh, arriba holgazanes. Cómo podeís dormir con toda una ciudad por descubrir. Seguídme, primero comeremos algo". Quien así hablaba era SOTIRAKIS, un joven gato pardo. Era el gato del arquitecto cons
Subieron por una calle con una escalera escarpada. En la puerta de una tienda de objetos de cuero les esperaba una gata parda de pelaje denso y rayado. Era KATERINA, la gata reina del barrio antiguo. "Son ellos", dijo SOTIRAKIS. Sin más dilación KATERINA entró en la tienda y se restregó en las piernas de una humana que
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